La bahía de Halong y Cát Bá

La bahía de Halong, Patrimonio de la Humanidad, la componen más de dos mil islotes de roca kárstica, esparcidos a lo largo de 120 kilómetros de costa, creando una atmósfera y un paraje de belleza inigualable. Cuenta la leyenda que ante la amenaza de los invasores chinos queriendo hacerse con la ciudad, el Emperador de Vietnam envió dragones celestiales, que escupían joyas y jade, a esta ciudad para ayudar a derrotar a los chinos. Las joyas se convirtieron en las islas e islotes de la bahía de Halong, uniéndose para formar una gran muralla frente a los invasores, y de ese modo lograron hundir los navíos enemigos.

Atardecer. Bahía de Halong. Junio 2015


La bahía de Halong


Después de unas tres horas de viaje desde Hanoi, llegamos a la ciudad de Halong, donde tomamos una pequeña barca que nos llevó a nuestro barco. En realidad, esa barca fue la que se utilizó para transportarnos desde el barco a distintos sitios. Lorenzo y yo fuimos asignados en el mismo dormitorio, bastante diferente a lo que se mostraba en las fotografías del folleto publicitario de la agencia Dugong, más pequeño y menos lujoso, por decirlo de alguna manera. Por ejemplo, las camas eran simples en lugar de dobles. No obstante, más que suficiente para pasar allí una noche. Al comentárselo a Lorenzo, me dijo que él no había visto el folleto y que ni se había dado cuenta. 

Dormitorio en el barco. Bahía de Halong. Junio 2015 

Con Sean y Jogi. Bahía de Halong. Junio 2015

Barco. Bahía de Halong. Junio 2015

Poco después nos sirvieron la comida, sin duda, lo mejor del crucero, abundante y deliciosa, incluso para Lorenzo, que al ser vegetariano, le preparaban algunos platos especialmente para él. Nos estuvo contando la razón de hacerse vegetariano pocos años atrás, lo que significaba para él y cómo conseguía nutrirse sin ninguna deficiencia en vitaminas o minerales. Muy interesante. Navegábamos ya entre pequeñas montañas kársticas que surgían en mitad de un mar de aguas calmadas de forma caótica. No se veían playas propiamente dichas en las mismas. En seguida se formó un grupo formado por las dos lituanas, Jogi y Vida, el americano, Sean, el italiano, Lorenzo, y yo mismo, aunque con Josu también hablaba constantemente.

Bahía de Halong. Junio 2015

Una de las actividades que estaba programada era hacer kayakking. Y para ello, paramos en la misma zona que otros cruceros, y la barca nos acercó a la plataforma donde nos subimos a los kayak por parejas. Decidí no llevar la cámara por si se mojaba, experiencia que ya tuve en el pasado haciendo kayak en las Hoces del río Duratón, en Segovia, donde, haciendo el gamba, todo hay que decirlo, mi compañero y yo volcamos la embarcación.

Seguía formando equipo con Lorenzo, pero cometimos el error de ponerme delante, cuando el más pesado debe ir detrás. Pero como nos lo indicaron así, no quise contradecir al guía. Adicionalmente, él no tenía experiencia anterior con un kayak, y aunque le decía que debía remar en el mismo sentido que yo, al final hacía lo que podía, por lo que la pequeña embarcación era inmanejable, y tuve que hacer grandes esfuerzos cada vez que queríamos girar o ir avanzando medianamente normal, porque el resto de equipos iban todos más rápido.

Se suponía que dando la vuelta al pico que había en frente de la plataforma, encontraríamos una cueva cuya entrada no estaba incluida en el tour, pero no la hayamos, ni nosotros ni las barcas de las lituanas y de Josu y su novia. A cambio, lo que sí encontramos, fue una apertura tipo cueva en la base de una de las formaciones rocosas, que guiaba a un plaza cerrada por picos montañosos de una belleza extraordinaria. El silencio y la calma reinaban allí, y pequeños monos jugaban y saltaban entre las ramas de los árboles. No había nadie más que nosotros seis, era nuestra, como si acabásemos de descubrir un lugar nuevo al que bautizar con nuestro nombre. Fue mágico. 

Al volver al barco, nos llevaron hasta una de las famosas cuevas de la bahía de Halong, Hang Sung Sot, con grandes cámaras iluminadas con diferentes colores, pero nada que ver con las que vi en el Parque Nacional de Phong Nha. El guía nos iba indicando cuando alguna roca de las paredes tenía la forma de un animal. También nos explicó que en Vietnam existen cuatro animales sagrados: el dragón (símbolo del poder y la prosperidad), el unicornio (símbolo de la paz), la tortuga (símbolo de la longevidad y sabiduría) y el ave fénix (símbolo de la inmortalidad y la virtud). La entrada y salida en alto de la cueva proporcionaban bonitas vistas hacia la bahía.

Entrada a la cueva Hang Sung Sot. Bahía de Halong. Junio 2015

Cueva Hang Sung Sot. Bahía de Halong. Junio 2015

Cueva Hang Sung Sot. Bahía de Halong. Junio 2015

Y fue en aquella zona donde el barco se quedó durante la noche, al igual que muchos otros, supuse que por estar más protegida si el tiempo empeoraba. Y aunque otra de las actividades de aquella primera tarde era nadar, el capitán no nos dejó hacerlo, pero únicamente a los pasajeros, porque la tripulación entera saltó al agua. No entendimos nada. Quizás tuvimos que habernos lanzado directamente cuando vimos hacerlo al resto. Contemplamos el atardecer y la luna llena que iluminaba la oscuridad de la bahía, sólo rasgada por las luces de los otros cruceros.

Atardecer. Bahía de Halong. Junio 2015

Luna llena. Bahía de Halong. Junio 2015

Sean estaba como loco por iniciar la pesca de calamares, actividad programaba durante la noche, junto con el karaoke que sólo utilizaron los pequeños de una familia vietnamita que también nos acompañaba. Pero finalmente tampoco se realizó. El tour empezaba a oler a chamusquina en algunos aspectos.

Nos recomendaron levantarnos temprano para ver el amanecer, pero viendo la disposición del barco, sabía que en el este se situaba la formación montañosa donde se encontraba la cueva que habíamos visto, muy cerca, por lo que deduje que no veríamos nada, y así lo comenté. Así que aunque me desperté a las cinco de la mañana, justo a tiempo para verlo, me quedé un rato más en la cama, y salí una hora más tarde, para comprobar que llevaba razón.


La isla Cát Bá


Después de desayunar nos trasladaron a la isla Cát Bá, y al llegar al muelle, no estaba el autobús. El guía no estaba muy contento, y realizó varias llamadas durante el tiempo que estuvimos allí esperando, alrededor de una hora, si no más, hasta que apareció. Sin embargo, antes de subir, nos comentó que nuestro nuevo guía sería el que llegaba en el autobús con más gente, y cuya compañía, aunque esto no nos lo dijo, era diferente. 

Bahía de Halong. Junio 2015

Bahía de Halong. Junio 2015

Bahía de Halong. Junio 2015

De camino al pueblo de Cát Bá, paramos en el Parque Nacional de la isla para realizar un trekking hasta el mirador situado en la parte más alta. Otro grupo se nos unió, y llevábamos una guía local. La temperatura era asfixiante, y cataratas de sudor se precipitaban fuera de mi cuerpo. Pero el premio fue maravilloso. Las vistas que allí contemplamos fueron una de las mejores de lo que llevaba de viaje. El paisaje era espectacular.

Parque Nacional de Cát Bá. Bahía de Halong. Junio 2015

Parque Nacional de Cát Bá. Bahía de Halong. Junio 2015

Parque Nacional de Cát Bá. Bahía de Halong. Junio 2015

Parque Nacional de Cát Bá. Bahía de Halong. Junio 2015

Allí me quité la camiseta y la escurrí, liberando una cantidad ingente de líquido. No era el único que estaba en ese estado. De hecho, no había nadie que no estuviese de esa manera. Fui charlando con Sean y Jogi sobre deporte y preparación para pruebas de resistencia extrema hasta llegar abajo, donde volví a repetir la operación de la camiseta. Estaba claro que le quedaba poco tiempo de vida, y se iba a convertir en la cuarta camiseta que desechaba durante el viaje. 

Al llegar al pueblo me percaté que el hotel tampoco era el mismo que el que estaba en las fotografías del folleto publicitario, y lo comenté a varios de los compañeros. El que se anunciaba era el que se veía a lo lejos, con pinta de ser el mejor de la isla de largo. Allí comimos, y después nos asignaron las habitaciones, exceptuando la de Lorenzo y la mía. A él lo llevaron a otro hotel, ya que en un principio había contrato el tour de dos días y una noche, pero durante el primer día decidió que quería seguir con nosotros hasta el final por lo que le estaba gustando la bahía, por lo que al decirlo a última hora, le tuvieron que buscar algo de urgencia. En mi caso, como iba solo, para no pagar el suplemento de veinte dólares, opté por dormir en un dormitorio común. Éste estaba en el hotel colindante, y en la habitación había catorce camas, con los baños fuera. Pero estaba francamente bien. Lorenzo y yo intentamos cambiar ambas por una habitación en el mismo hotel que el resto del grupo, pero ya era tarde porque las otras reservas estaban confirmadas. 

También nos dijeron que en media hora nos recogerían para llevarlos a la isla del mono, lo que representaba otro cambio respecto al programa. Yogi y Vida, que al igual que yo también fotografiaron el folleto antes de salir del hostal de Hanoi, lo sabían, y se lo comentaron al guía. La verdad, no recuerdo lo que nos contestó, pero quedó claro que poco podíamos hacer al respecto, y que él no era la persona más adecuada para contestarnos. 

El muelle de salida estaba en el lado opuesto del pueblo, por lo que nos llevaron allí en un autobús realmente destartalado y viejo, y tomamos el barco hacia la isla del mono, pasando al lado de cientos de plataformas flotantes que conformaban toda una aldea en sí misma. Al llegar, nos dijeron que teníamos una hora y media para nadar y hacer lo que quisiésemos. Afortunadamente la temperatura del agua era normal, no como en el golfo de Tailandia, aunque estaba algo sucia en la orilla, por lo que me alejé un poco de ella. Normal considerando la cantidad de barcos de turistas que llegaban hasta allí. Y, como no podía ser de otra forma, la playa estaba llena de ellos, lo que no me hacía ninguna gracia. Es lo malo de contratar un tour de estas características, te llevan como borregos a los mismo sitios que al resto de la gente. Una familia de monos se acercó donde se había quedado el guía cuidando de nuestras mochilas. Después de volver y cenar, Sean, Jogi, Vida, Lorenzo y yo fuimos a tomar unas cervezas.

Aldea flotante, al lado de Cát Bá. Bahía de Halong. Junio 2015

Isla del mono. Bahía de Halong. Junio 2015

Isla del mono. Bahía de Halong. Junio 2015

Quedé a las cinco de la siguiente mañana con Jogi y Sean para ver el amanecer en Canon Fort, una colina a unos dos o tres kilómetros de distancia del pueblo, desde donde leí que hay estupendas vistas a la bahía. Los esperé durante un cuarto de hora, y como no bajaban, supuse que se habrían dormido, así que inicié la subida solo.

Canon Fort resultó ser más que un mirador con preciosas vistas en diferentes orientaciones. Había un museo que recreaba el fuerte que hubo allí durante la guerra contra los americanos, y cuya entrada, a todo el complejo, incluido los miradores, costó 40.000 dongs. Por el camino me crucé con varios locales, que utilizaban la colina para hacer ejercicio a primera hora de la mañana. Al llegar al hotel encontré a Jogy, que me preguntó lo mismo que yo a ella, dónde me había metido porque me habían estado esperando. No sé qué es lo que hicimos, pero no nos vimos. Lo que deduje después de ver sus fotografías del amanecer, con el sol en una posición más baja que en las mías, es que llegaron antes y esperaron menos. Como no conocían el camino ni preguntaron, lo que hicieron fue ir al otro lado de la playa, y subir a no recuerdo dónde, pero con menor altitud que donde yo estuve.

Vistas desde Canon Fort, Cát Bá. Bahía de Halong. Junio 2015

Vistas desde Canon Fort, Cát Bá. Bahía de Halong. Junio 2015

Canon Fort, Cát Bá. Bahía de Halong. Junio 2015

Vistas desde Canon Fort, Cát Bá. Bahía de Halong. Junio 2015

Ese día era el de vuelta a Hanoi. El primer barco, desde Cát Bá, nos llevó por una parte de la bahía diferente a la del primer día. Y posteriormente, debíamos coger otro más grande y similar al del primer día del tour, que sería el que nos conduciría hasta Halong pueblo. 

Bahía de Halong. Junio 2015

Bahía de Halong. Junio 2015

Bahía de Halong. Junio 2015

Pero una pequeña embarcación de la policía vietnamita apareció en el horizonte y nos dio caza rápidamente. Hizo que pararan la barca, pidió documentación y se fue. Algo debió pasar, porque allí estuvimos parados bastante tiempo, viendo cómo el capitán y el que hacía de guía para el resto de las personas que había allí, realizaban varias llamadas. Después, el barco encendió el motor y empezamos a movernos tímidamente, hasta que el segundo barco más grande llegó hasta nosotros e hicimos el transbordo. La compañía volvía a ser diferente, tampoco era Dugong. 

Fuera como fuese, nos llevaron hasta estar en frente del pueblo de Halong y su puente, donde nos sirvieron la comida, que, como siempre, estuvo estupenda en sabor y cantidad. Antes de ello, nos dieron una pequeña clase de cocina sobre cómo preparar rollitos vietnamitas, tanto al estilo norteño como sureño. También se saltaron otra actividad programada durante la mañana, nadar en alguna zona de la bahía.

En resumen, la bahía de Halong es un lugar especial y visita indispensable en cualquier viaje por Vietnam. Elegir una compañía de mejor o peor calidad, lo que se traduce exclusivamente en el precio, puede marcar diferencias importantes. En mi caso, afortunadamente, la diferencia, para bien, la aportaron las personas con las que compartí aquella experiencia. Gracias Josu, Jogi, Vida, Lorenzo y Sean. También el Parque Nacional de Cát Bá.


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