Hanoi, campamento base

Hanoi, capital de Vietnam, una inmensa urbe que ha crecido exponencialmente desde que el país se abrió al exterior y al turismo. Las estrechas y caóticas calles del centro antiguo suponen el mejor atractivo de la ciudad. Es el punto de partida para las excursiones hacia otros puntos del norte de Vietnam, como Sapa, o hacia la bahía de Halong, por lo que se puede utilizar como campamento base.

Lago Hoán Kiém. Hanoi. Junio 2015

En Hanoi estuve hasta en tres momentos diferentes, así que he dividido la entrada para facilitar el seguimiento de mi viaje.


1ª Parte (llegada desde Tam Coc y Ninh Binh):

La joven vietnamita sentada a mi lado en el autobús desde Ninh Binh se portó genial, llamó a una amiga para decirme exactamente cuál era el autobús local que debía tomar en la estación de Hanoi, My Dinh, hacia la parte antigua de la ciudad, conocida como old quarter, y más concretamente, cerca del lugar donde estaban los hostales que había ojeado. Era el número 34, cuyo coste fue de 7.000 dongs. Eso me evitó tener que coger un taxi o motocicleta, con su correspondiente clavada, pues la distancia era aproximadamente de doce kilómetros.

Al llegar comprobé varios de esos hostales, pero no sólo los dormitorios compartidos, sino también los precios del billete del autobús nocturno hacia Sapa y el del tour hacia la bahía de Halong, dado que aún no había decidido lo que hacer. Ciertamente los segundos eran notablemente más baratos en la capital respecto a los de Tam Coc. Por los comentarios que había leído en internet previamente, había decidido optar por el de tres días y dos noches, una en un barco y otra en un hotel de la isla Cát Bá. En general, cualquier hostal u hotel en el centro de Hanoi también trabaja como agencia de viajes.

Copié el nombre de varias de las compañías que me ofrecieron para realizar la excursión a la bahía, con el fin de buscar comentarios sobre ellas en internet posteriormente. Y como estaba utilizando toda la mañana para ello, finalmente decidí comprar el billete del autobús nocturno hacia Sapa en el hostal donde lo encontré más barato de entre los que había visitado, el Hanoi Youth Hostel, por 200.000 dongs. Ya por la noche vi el mismo billete por 170.000 dongs en una agencia, pero no me acerqué a preguntar si era el mismo o no, o si lo habían rebajado más porque faltaba una hora para salir y aún quedaban asientos libres. Como tenía pensando volver a cogerlo a la vuelta pero directamente en la estación de autobuses, más fácil en Sapa por ser un pueblo mucho más pequeño, comprobaría el precio real del trayecto.

Después del comprar el billete, dejé en el hostal la mochila grande y me fui a comer algo y dar una vuelta por el lago Hoán Kiém. Después visité la catedral de St. Joseph, que estaba cerrada, y calles aledañas. También el centro antiguo. En realidad, me fui perdiendo por las calles hasta que decidí volver al hostal hasta que pasaran las peores horas de calor. Allí las recepcionistas no tenían mucho trabajo en ese momento, y estuvimos hablando y enseñándoles el blog, especialmente interesadas en la entrada y fotografías sobre Angkor. Para una de ellas, Ngan, era su primer día de trabajo.

Vietnamitas comiendo en la calle. Hanoi. Junio 2015

Catedral de St. Joseph. Hanoi. Junio 2015

Ya anochecido, volví a dar otra vuelta, paseando por el mercado nocturno. Cené y volví al hostal a disfrutar de la hora feliz en cerveza (paga una y toma dos). Lo malo fue que el frigorífico no les funcionaba muy bien y no estaban muy frías. Con Ngan, que tenía ese turno, pude charlar algo más.

Lago Hoán Kiém. Hanoi. Junio 2015

Para llegar hasta donde estaba aparcado el autobús nocturno, primero me recogió una motocicleta en el hostal, y posteriormente, una minivan a todos los turistas que íbamos desde el centro antiguo. Afortunadamente, los asientos también eran largos y pude dormir. No obstante, antes de dejar Hanoi, el conductor recogió a más gente en mitad de la carretera, y tuvo que poner algunas colchonetas en uno de los pasillos para que ellos durmieran ahí, supongo que con un descuento en el precio. No estoy seguro de si esos pasajeros y sus correspondiente billetes serían ajenos a la compañía, y era un sueldo extra en negro que se sacaba el conductor.


2ª Parte (llegada desde Sapa):

La estación donde nos dejó el autobús procedente de Sapa estaba a unos 5 km del hostal, según los conductores de taxis y motocicletas que se me volvieron a echar casi encima al bajar. Les pregunté la dirección para ir caminando, y me hicieron una seña de mala gana, pero sin querer decirme ninguno de ellos la dirección exacta, y menos aún si había un autobús local cuyo recorrido pasase por allí, porque seguían insistiendo en llevarme. Empecé a andar algo molesto por ello, y tenían razón respecto a la distancia, pero ya era cabezonería mía, y puesto que no estaba cansado, seguí adelante. Fui utilizando google maps sin conexión, consultando únicamente el mapa. Lo bueno de caminar por las calles de una gran ciudad, es encontrarte situaciones que no esperas, como peluquerías en plena acera.

Peluquería en la calle. Hanoi. Junio 2015

Ya en una de las calles colindantes al centro antiguo, paré a tomarme un café, que por cierto estuvo delicioso, y un par de bollos de la panadería local que tenía al lado. De hecho, repetí en esa dupla prácticamente el resto de días que pasé en Hanoi. Estuve allí más de una hora, tranquilamente, utilizando su wifi para comprobar el correo y leer comentarios sobre las agencias que ofrecían el tour a la bahía de Halong, mi siguiente destino.

Volví a preguntar por los tours a dicha bahía en los mismos sitios del primer día que estuve en Hanoi para comprobar si las condiciones seguían igual o habían cambiado. También volví al Hanoi Youth Hostel, y allí volví a encontrar a Ngan, que me reconoció. Finalmente contrataré la excursión allí, con la compañía Dugong, que era la misma que me ofertaban en otro de los hostales, pero más barato. El precio final, ciento y cinco dólares. No obstante, llamó a dicha agencia para confirmar que podía alojarme en un dormitorio compartido en el hotel de la isla Cát Bá y no pagar el extra de veinte dólares por una habitación individual. También me quedé allí esa noche, en un dormitorio de ocho camas, con el baño fuera y desayuno incluido por cinco dólares. La habitación era bastante pequeña, y más aún el baño, pero era suficiente para pasar una noche. Allí coincidí con dos lituanas, Jogi y Vida, y un italiano, Lorenzo, que también habían contratado el mismo tour, aunque eso no lo supe hasta el día siguiente.

Ngan me estuvo contando que sus jefes no estaban muy contentos con ella, y le dije que no se preocupase, que era normal sentirse algo desbordada los primeros días, y que quizás ellos no deberían haberla dejado totalmente sola durante los mismos. Le ayudé con algunos datos que había escrito erróneamente. Preparé la mochila pequeña, que era la única que llevaría al día siguiente a la bahía de Halong, puesto que podía dejar la grande en el hostal un par de días. El primero era gratis, y el segundo me costaría 10.000 dongs. Después salí a cenar.

Sobre las diez y media de la noche bajé a recepción, puesto que era la hora a la que Ngan terminaba su turno. Allí estaban sus jefes, y no parecían muy contentos hablando con ella. Cuando se sentó fuera esperando algo, me acerqué para darle el papel con mis datos, y me dijo que era su último día, y que el motivo de despido fue que su inglés no era bueno. Me contó que en Hanoi era normal que los jefes se quejaran continuamente de los empleados. De todas formas, no parecía estar triste, decía que ya encontraría otro empleo mejor. Después de que sus jefes hablaran nuevamente con ella, me dio las gracias y un abrazo, y se fue.

Me quedé por allí un rato leyendo el periódico en mi teléfono móvil, y su jefa se acercó a charlar conmigo, no de ella, claro. Resultó que su marido era seguidor del Real Madrid, pero sólo por Cristiano Ronaldo, y que le año anterior habían estado en el estadio del equipo por esa razón. 

Poco después de acostarme, empecé a sentir picaduras, y al encender la luz, vi que eran pulgas. La manta, que tenía que utilizar porque el aire acondicionado estaba encendido y a baja temperatura, estaba llena de ellas. Maté a unas cuantas, pero ya me habían picado bastantes. Bajé a recepción y encontré la puerta hacia la calle totalmente cerrada y un chaval joven durmiendo encima de una manta. Mi sorpresa fue mayúscula cuando al intentar contarle lo que sucedía, encendió un portátil y me señaló que escribiera en el traductor de google porque no sabía nada de inglés, absolutamente nada. Así que él escribía en vietnamita y yo leía en inglés, y al revés. Poco entendía en ese momento porqué habían echado minutos antes a Ngan por ese motivo. Después de escribirle cuál era el problema y sobre mi alergia a estas picaduras, le pedí que me cambiase de cama y que no me diese otra manta nueva, porque había visto cómo Ngan la cogía del cesto de las limpias y que posiblemente estuviesen todas igual de infectadas. Afortunadamente, quedaba una cama libre en la misma habitación, por lo que no tuve que mover nada en mitad de la noche. Eso sí, dormí vestido y con mi toalla encima de mis piernas, porque hacía frío dentro. Evidentemente no dormí mucho esa noche. Antes de dormirme, escribí a Ngan para contarle lo sucedido, y también se sorprendió. 

A la mañana siguiente, bajé temprano a recepción, y el chaval llamó a su jefa para contarle lo sucedido. Mientras vino, me preparó el desayuno, un huevo frito, varias rodajas de pepino y un bollo de pan. Al llegar ella, le aconsejé que limpiasen todas las mantas, porque las pulgas saltan entre las ropas, y era muy probable que todas estuviesen igual. Se disculpó y me dio las gracias. 

Las dos lituanas y el italiano llegaron poco después, y comenzamos a hablar. Al rato nos vino a buscar el guía de la excursión, y nos condujo hasta un minibus, que ya estaba lleno de gente. Nosotros éramos los últimos pasajeros, y nos tocó en los asientos del pasillo. Dio la casualidad que me senté al lado de otro español, de Vitoria, Josu, y su novia francesa, Manon. Había estado un año en Australia, primero en un curso de inglés y posteriormente trabajando. Volvería a España después de viajar por Vietnam un par de semanas. También había otra española, de Girona, pero ella iría y volvería en el mismo día, así que hablamos poco, y al llegar al pueblo de Halong la separaron en otro grupo. Allí también estaba Sean, un americano de Montana con el que hice buena amistad. 


3ª Parte (llegada desde la bahía de Halong):

Estuve planteándome si realizar una reclamación al llegar al hostal, incluso exigiendo parte del dinero por todas las actividades que no se habían cumplido y de las calidades inferiores de barco y hotel respecto a las que promocionaban en las fotografías del folleto. Al final lo dejé pasar, pero recogí la mochila sin pagar los 10.000 dongs por guardármela. Era lo mínimo, aunque ni pregunté. La recepción estaba llena de gente en ese momento, y ni siquiera se percataron de que me la llevé. Pensé que si otra persona lo hubiera intentado, se la habría llevado sin problemas. Es una de las ventajas de los países asiáticos, dejar tus cosas en casi cualquier lugar con la seguridad de que estarán allí al volver. Al menos, era la experiencia que había tenido hasta el momento.

Por otra parte, tenía claro que no me iba a quedar allí nuevamente por el problema con las pulgas que tuve antes de marchar a la bahía de Halong. Y adicionalmente, después de compartir habitación con otras personas durante prácticamente la totalidad de Vietnam, me apetecía estar más tranquilo las últimas noches en Hanoi, por lo que busqué una habitación individual en otro lugar. 

Caminando por las calles aledañas y viendo algunos hoteles, el dueño de uno de ellos me paró para ofrecerme una habitación en el suyo. El precio era caro, quince dólares la noche creo recordar, y le dije buscaba algo por diez dólares o menos. Me contestó que si hacía la reserva por internet, me lo dejaba a ese precio, y que la diferencia me la devolvería en metálico. La razón era que al ser un hotel nuevo, necesitaba buenos comentarios en internet. Más aún porque el antiguo, sobre el que habían realizado una reforma y modificado el nombre, tenía algunos malos, y por el momento, los compartían, puesto que algunas páginas de reservas por internet aún estaban estudiando su petición de borrar esos comentarios antiguos. Le pedí que me enseñara la habitación, y al estar muy bien, con la única pega de ser una cuarta planta (en realidad una quinta) sin ascensor, acepté.

Hicimos la reserva del primer día en una página web, y la del segundo en otra distinta, pagué con tarjeta, puse su correo electrónico en lugar del mío por petición suya, e hicimos las cuentas de lo que debía devolverme al día siguiente, porque sólo tenía un billete de veinte dólares para pagarme y yo no llevaba suelto. En mi opinión, utilizar su correo electrónico fue un error, pero especialmente realizar la reserva desde el ordenador de la recepción en lugar de mi teléfono móvil, y creo que él se dio cuenta al día siguiente. El motivo es que supongo que las páginas web de reservas podrían detectar que la dirección IP desde la que se realizó la reserva se situaba en la misma dirección postal que el hotel. El nombre del mismo, en pleno centro histórico, era Golden Luxury Hotel. He de admitir que la habitación estaba muy bien, y que el personal de recepción era majo. Además, finalmente me quedé otros dos días más, y me mantuvieron en todo momento el mismo precio.

Varios de los del grupo que fuimos a la bahía de Halong quedaron para cenar, pero yo ya había quedado con Ngan para lo mismo, así que cuando estuve instalado en el hotel, la avisé. Me llevó en motocicleta por la zona, aunque no parecía conocerla muy bien. Al final cenamos en un local de calle, con un pollo asado buenísimo. Luego estuvimos paseando alrededor del lago y tomando un helado. Como no conocía muy bien esa parte de la ciudad, la llevé a la catedral, que le encantó. 

Al día siguiente decidí que no iría a la última excursión que tenía planeada, una catarata y cueva relativamente cerca de Cao Bang, al norte de Vietnam, por recomendación de Alex y Constantine, los chicos que conocí en Dalat. Tenía que tomar otro autobús nocturno hacia allí, con ocho horas de trayecto, y una vez allí, otro transporte hacia el pueblo desde donde caminaría hasta llegar a la catarata. Es decir, dos días de viaje para una visita de unas cuatro horas como máximo, aparte de conocer también esa zona del país. Estaba bastante cansado de viajar, no físicamente, pero sí de llevar a cuestas la maleta, mal dormir en un autobús con trayectos interminables. Decidí quedarme en Hanoi los últimos días, aún sin tener mucho que hacer, simplemente paseando, descansando y escribiendo en el blog. También había decidido volver a España unas semanas antes de continuar viajando. Ya había ojeado los billetes, y lo que haría sería comprar directamente al mismo tiempo el del siguiente destino, Japón. 

Fui caminando por la ciudad hasta el Templo de la Literatura. Su entrada fueron 30.000 dongs. Allí leí la historia de Confucio, reconocido pensador chino cuya doctrina es seguida por miles de Vietnamitas. También había estelas sobre tortugas de piedra para que los sentimientos o logros expresados en ellas perduren durante mucho tiempo.

Seguí caminando, viendo el museo del ejército y el de Ho Chi Minh desde fuera. Toda la mañana paseando tranquilamente por la ciudad, viendo a sus gentes en el día a día, como a mí me gusta. Regresé por la zona norte del centro antiguo, al lado del mercado Dong Xuan, donde compré algo de fruta. Volví a comprobar que el tráfico en la ciudad era menos intenso y caótico que en Ho Chi Minh City, y que la mayoría de conductores de motocicleta sí respetaban los semáforos.

Hanoi. Junio 2015

Templo de la Literatura. Hanoi. Junio 2015

Templo de la Literatura. Hanoi. Junio 2015

Templo de la Literatura. Hanoi. Junio 2015

Museo de Ho Chi Minh. Hanoi. Junio 2015

Pescado seco en el mercado Dong Xuan. Hanoi. Junio 2015

Por la tarde compré los billetes de avión, el de Hanoi a Madrid, con dos escalas, en Bangkok y Doha, y el de Madrid a Osaka, con una escala en Doha. Quedé con mi amigo Alex para recogerme en el aeropuerto al llegar y comer juntos. Para mi familia también fue una sorpresa, pues no esperaban que regresara tan pronto. Comprobé que había perdido entre seis y siete kilogramos de peso durante esta primera parte de mi viaje, no sé si por no comer lo suficiente o si por la cantidad de líquido que perdía al sudar.

Por la noche, varias de  las calles del centro antiguo estaban cortadas, y había algunos espectáculos en las mismas, además del mercadillo nocturno. No estaba seguro si lo hacían cada noche o sólo las del fin de semana, pero era la primera vez que lo veía.

Espectáculo nocturno en el centro antiguo de Hanoi. Junio 2015

Al día siguiente había quedado con Ngan para ir a ver el Parque Nacional Ba Vi, a unos cincuenta kilómetros de la ciudad. Pero el día se levantó lluvioso y lo canceló, aunque igual vino y fuimos a tomar un café. Al terminar, y aunque ya era algo tarde para hacer ese viaje, propuso seguir con el plan de ir a Ba Vi, y acepté, puesto que no había mucho que hacer por la ciudad. Ese día no había podido conseguir un casco para mí, y me comentó que me compraría uno, que valían sólo entre 40.000 y 50.000 dongs los más baratos. Pero como tuve que volver al hotel a coger la cámara, le pregunté al recepcionista si tenían alguno por allí para los clientes, y me terminó dejando el suyo propio, que le tenía que devolver antes de las seis de la tarde. 

Aún en la ciudad, Ngan cometió un error al tomar una dirección y nos paró la policía para ponerle una multa de 200.000 dongs, unos veinte dólares. Cuando ella se retiró a coger algún documento o llamar a un amigo para cerciorarse de que eso era lo que tenían que cobrarle (me dijo que la policía en Vietnam es muy corrupta), probé a hablar con el agente, con la suerte de que hablaba inglés. Le conté la película de que ambos éramos nuevos en la ciudad y no conocíamos el camino, y que no teníamos mucho dinero. Al llegar ella, le dijo en su idioma que al final no le iba a poner la multa y que tuviera más cuidado la próxima vez. Ngan, que suspiró de alegría porque era la primera vez que la paraban, me dijo que con los vietnamitas no son iguales, que tienden a ser maleducados, y que son corruptos, porque su amigo le había dicho por teléfono que por esa infracción sólo deberían cobrarle 80.000 dongs, no 200.000.

A mitad de camino le pedí que parara un rato porque empezaban a dolerme las piernas por la posición incómoda. Me enseñó a utilizar las marchas y conduje el resto del trayecto. Por fin había manejado por primera vez una motocicleta no automática. La entrada al Parque Nacional de Ba Vi fueron 40.000 dongs por persona, más otros dos billetes de 3.000 dongs cada uno para los aparcamientos de la motocicleta. Paramos para ir a ver una cueva, pero a medio camino nos dimos cuenta que ninguno llevábamos linterna o móviles con luz (yo me había dejado el mío en el hotel y el suyo no tenía esa opción), así que nos dimos la vuelta. Después fuimos directos al punto más alto del parque, a 1.295 metros de altitud, sin realizar más paradas intermedias, pues íbamos muy justos de tiempo si queríamos devolver mi casco antes de las seis de tarde. Allí se levantaban varios templos. Había bastantes turistas locales, y muchísima niebla, apenas se veía nada. Y por tercera vez en Vietnam, después de subir a un pico-mirador, no pude ver nada. 

Parque Nacional de Ba Vi. Alrededores de Hanoi. Junio 2015

Parque Nacional de Ba Vi. Alrededores de Hanoi. Junio 2015

Ngan y su motocicleta. Parque Nacional de Ba Vi. Alrededores de Hanoi. Junio 2015

En el camino de vuelta empezó a diluviar, y a pesar de parar un segundo y ponernos los chubasqueros, acabamos empapados por el agua que nos tiraban los coches al adelantarnos. Tuvimos que parar un par de veces a refugiarnos, porque el cielo se nos caía literalmente encima. En la primera de ellas llamamos a mi hotel para decirle al recepcionista lo que pasaba y que posiblemente llegaríamos tarde, pero me dijo que no me preocupase que tenía otro casco. Y en la segunda aprovechamos para para picar algo, ya que no habíamos comido. Mis zapatillas acabaron llenas de agua, aunque por suerte, había un pequeño secador en el hotel. Al llegar a Hanoi había dejado de llover.

Al día siguiente no tenía nada que hacer, sólo ir a visitar la catedral por dentro, porque supuse que al ser domingo, estaría abierta, y así fue. Paseé nuevamente por el centro, y volví a comprar fruta en el mercado. Aproveché para escribir un poco en el blog, pero en general, fue un día bastante aburrido, y la idea de haberme equivocado al no comprar los billetes de avión un día antes empezó a aflorar. Por la noche hubo un tremendo apagón en todo el centro histórico, que duró hasta las cuatro de la madrugada. Me había dejado las luces de la habitación abiertas, y cuando el servicio fue restaurado, me desperté.

El último día en Hanoi y Vietnam quedé con Ngan después de comer, y se ofreció a llevarme al aeropuerto en su motocicleta a media tarde. Pero antes me llevó a ver un lago enorme y muy famoso situado cerca del centro antiguo y que no había visto. Luego recogimos mi mochila grande en el hotel y fuimos al aeropuerto. Se esperó a que la facturase para cenar juntos y despedirnos.

No me puedo quejar de las dos compañías aéreas con las que volé de regreso a casa, la tailandesa y la catarí. Es más, podría decir que fueron los dos mejores aviones en los que había volado hasta el momento. En Bangkok hacía mal tiempo, con lluvias fuertes, y el segundo vuelo retrasó su salida casi una hora por ese motivo. No iba mucha gente en el mismo, así que varios de nosotros tuvimos la suerte de tener tres asientos para tumbarnos durante la noche. También un árabe en los asientos delanteros al mío bastante mal educado, tratando al personal de vuelo como si fuera su sirviente, sin hacerle caso al decirle que se incorporase antes de aterrizar y escupiendo al suelo un par de veces. Ya en una cafetería del aeropuerto de Doha, me encontré con otro de su misma especie, que chistaba y silbaba al camarero y le decía "eh eh" continuamente para que le atendiese rápido. Y era joven, posiblemente más que yo, lo que me sorprendía aún más. A la segunda vez que lo hizo al lado mío, le miré con cara de pocos amigos y no volvió a hacerlo más. De lo contrario, le hubiera dicho algo. ¡Qué gente con tan poca educación!.

Un amanecer sobre un mar infinito de nubes me daba la bienvenida a casa. 

De vuelta a casa. Junio 2015

En resumen, Hanoi se convirtió en una ciudad de tránsito para mí. El centro antiguo está demasiado enfocado al turista, por lo que es mejor perderse por calles algo menos transitadas. Pasar un día completo en Hanoi es suficiente si no se dispone de mucho tiempo. Es más recomendable utilizar varios días tanto en Sapa como en la bahía de Halong.

Gracias a todas las personas que han compartido esta primera etapa de mi viaje conmigo, a aquellas que encontré en el camino, y aquellas que dedican su tiempo libre a leer mis aventuras. ¡Gracias a todos!. Próxima parada, Japón. 

"Perderse también es camino"
"Muchas veces el tren equivocado terminó llevándome al lugar correcto"


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