Sapa y el pico Fansipan

Sapa, un pequeño y precioso pueblo del norte de Vietnam, con espléndidas vistas hacia las montañas que lo rodean, y las numerosas terrazas de arroz de las aldeas cercanas. Es el punto de partida para la excursión al pico Fansipan, el más alto de toda Indochina con sus 3.143 metros de altura.

Sapa. Mayo 2015


Sapa


El autobús nocturno desde Hanoi llegó a las cinco y media de la mañana a Sapa. El paisaje que había visto durante el último tramo, incluyendo la ciudad de Lao Cai y la misma Sapa, supuso casi un amor a primera vista, más cuando bajé y sentí el frescor de su temperatura en mi cuerpo. Las montañas rodeaban a la ciudad, lo suficientemente pequeña para no sentir el agobio del tráfico ni del gentío, pero lo suficientemente grande para tener todo lo necesario. Allí nos esperaban mujeres de la etnia H'mong, que ya conocí en Laos, para ofrecernos la opción de alojarnos y comer en sus casas, en pequeñas aldeas alejadas de la ciudad. La que habló conmigo era una muchacha joven, y a pesar de que decliné esa opción, me dio su teléfono por si cambiaba de idea en los siguientes días, y me puso una pulsera que tenía un significado de protección. 

Vi algunos de los hostales que tenían apuntados, y me quedé con el Go Sapa Hostel, por cinco dólares la habitación compartida de ocho camas y baño fuera. La habitación era muy pequeña. Lo caro en este sitio era la comida del restaurante, la bebida (cobraban 20.000 dongs por una botella grande de agua cuando fuera la comprabas por 10.000), los tours y los billetes de autobuses (el precio del autobús nocturno hacia Hanoi era de 250.000 dongs, 50.000 más que lo que había pagado por llegar hasta allí, y ni siquiera te recogían en el hostal, tenía que ir yo a la estación). Evidentemente, evité todo aquello, exceptuando comer alguna vez en el restaurante. 

Después de desayunar y dejar allí la mochila, fui a la aldea Cat Cat, la más turística de las que están en los alrededores de Sapa, y a sólo unos tres kilómetros de distancia cuesta abajo, disfrutando de los paisajes de terrazas de arroz de aquellas montañas. Lo que me sorprendió negativamente fue que cobrasen 40.000 dongs por entrar a la misma. Hice todo el recorrido, visitando la casa tradicional H'mong, la planta minihidráulica, la cascada y el puente. Pero no me gustó que todas las casas estuvieran preparadas de cara al turista, con el único propósito de venderte alguno de sus productos. Es decir, me pareció como que habían perdido su identidad, su autenticidad, lo que les diferencia del resto, al igual que me ocurrió en Hoi An. De hecho, el recorrido me pareció la turistada de turno, y creo que no la recomendaría de no ser por lo que describo a continuación.

Sapa. Mayo 2015

Sapa. Mayo 2015

Aldea Cat Cat. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Aldea Cat Cat. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Decidí hacer el trekking hacia el bosque de bambú que detallaban en el mapa que me dieron, a un kilómetro de distancia desde la cascada. Pero estuve un buen rato andando en un sendero paralelo al río en lo que me pareció que fueron alrededor de los tres kilómetros, por lo que debí confundirme y haberme desviado en algún momento. No había absolutamente nadie por allí, y el paisaje era precioso, por lo que la felicidad me invadía en ese momento. Aquello representaba lo que realmente me gusta hacer. En un momento dado me crucé con un búfalo vietnamita que estaba comiendo en mitad del camino. Me miraba con desconfianza, y al hacer el amago de pasar, se movió como poniéndose en alerta. Así que no me quedó otro remedio que esperar a que se apartara por sí mismo, aunque no tardó mucho. Llegué hasta el final del sendero, y vi que continuaba al otro lado del río y subía por la montaña. Cruzar el río no terminaba de parecerme buena idea. Podía hacerse perfectamente, pero debía descalzarme antes, y el miedo a que la herida del pie volviese a infectarse volvió a salir a la luz. Además, hacer un trekking solo, sin que nadie sepa hacia dónde has ido, es algo que jamás debe hacerse. Así que, aunque me fastidió, y mucho, opté por dar media vuelta. 

Trekking en los alrededores de Sapa. Mayo 2015

Búfalo bloqueándome el camino. Trekking en los alrededores de Sapa. Mayo 2015

Trekking en los alrededores de Sapa. Mayo 2015

Por supuesto, volví a encontrarme al búfalo, y en mitad de un tramo escalonado, por lo que era imposible pasar. Pero vi a un anciano aparecer por uno de los caminos, con una vara, y esperé a que llegase hasta allí. Le sonreí y creo que entendió la situación. Hizo un ruido con la boca y dijo algo, y el animal le dejó pasar a su lado, y yo detrás. Le dí las gracias y seguí mi camino. Bajé hasta el río para mojarme las piernas, pensé que como el río llevaba corriente y el agua parecía clara y limpia, no habría problemas con la herida del pie, y así fue. El agua helada hizo maravillas en los agotados músculos de mis piernas. Más adelante vi a dos pequeños bañar a sus búfalos en mitad del curso del río. 

Trekking en los alrededores de Sapa. Mayo 2015

Al acabar de ver Cat Cat, seguí el camino hacia la otra aldea más alejada, Sin Chai, a pesar de que un local, al preguntarle para que me confirmase la dirección, me dijo que no había nada distinto que ver allí y que era más fea. Pero a mí me pareció todo lo contrario, una aldea más aislada y auténtica, en todos los sentidos, su gente, sus ropas, niños muy pequeños trabajando... Eso sí, había una caseta en la que se supone que debía haber pagado otra entrada. Pero vi que la persona que estaba dentro estaba distraída con su móvil, creo, y no levantó la cabeza cuando llegué a su altura, por lo que seguí adelante. Me encontré con varios cochinillos mamando de su madre en plan es la última vez que voy a comer en años. Resultó divertido ver cómo se subían unos encima de otros para conseguir llegar hasta su comida. Y la madre, totalmente quieta, sin inmutarse. También había más terrazas de arroz que en los alrededores de Cat Cat

Aldea Sin Chai. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Aldea Sin Chai. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Aldea Sin Chai. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

En un momento dado, el camino dejó de ser claro, y confiando en mi orientación, seguí hacia delante, sabiendo que el río seguía abajo de la montaña, y que acabaría llegando a la cascada de plata, tal y como venía escrito en el mapa, que no era más que una fotocopia de un boceto hecho a mano. Después de caminar cerca de dos horas, llegué al cruce con la carretera. Pregunté y nadie sabía nada acerca de esa catarata, pero me indicaban otra distinta, a otros cinco kilómetros en dirección contraria a Sapa, que en ese punto, se encontraba a ocho kilómetros de distancia. Como ya estaba cansado y allí no había opciones de comer nada, decidí volver a la ciudad. En los primeros tramos rechacé a dos conductores de motocicletas, y el tercero, al pararse, me dijo que me llevaría gratis. Le pregunté para confirmar que había escuchado correctamente, y me llevó hasta el mismo lago de Sapa, donde él comenzaba su turno de trabajo. Inmejorable regalo el que me hizo, pues ya había caminado más de quince kilómetros. 

Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Sapa. Mayo 2015

Después de comer y descansar un rato en el hostal, di una vuelta por el pueblo, preguntando en varias agencias sobre la excursión al pico Fansipan, el más alto de Indochina con 3.143 m, y que consistía en dos días y una noche. El precio de la misma en mi hostal era de sesenta y ocho dólares, y en el pueblo lo llegué a encontrar por sesenta, que fue el que finalmente contraté porque ya tenían un grupo de otras diez personas para el día siguiente. El nombre de la agencia era Global Travel Agency, y detallaba que incluía todo, aunque sólo dos litros de agua. Si queríamos más, la tendríamos que comprar allí.


El pico Fansipan


Al día siguiente, preparé lo que llevaría en la mochila pequeña, y dejé la grande en el hostal, donde hice el check-out para no pagar una noche sin disfrutarla. Esperé un buen rato fuera del hostal, pero nadie vino a recogerme, por lo que pedí a la recepcionista que llamara a preguntar, resultando que se habían olvidado de mí. A los diez minutos apareció un motorista de la agencia para llevarme directamente hasta el paso Tram Ton, cerca de la frontera con Laos y punto de partida de la ruta. Debían haberme recogido en una furgoneta, y haber parado unos minutos en la catarata del amor, pero debido al retraso, eso ya fue imposible. Al llegar me estaban esperando el guía-porteador-cocinero y una chica vietnamita del grupo al que debía unirme. El guía no hablaba inglés, otro de los puntos incumplidos respecto a lo que me comentaron en la agencia. Mi fallo fue no haber pedido una lista con las condiciones y con lo que incluía y lo que no.  

Empezamos algo rápido, hasta que llegamos a la altura de los más rezagados de otros grupos, a los que fuimos adelantando. Finalmente contactamos con nuestro grupo, todos jóvenes vietnamitas, al igual que en el resto de grupos. Para mi sorpresa, era el único extranjero, y más aún occidental, de todos los grupos. Varios llegaron desde Hanoi, como los de mi grupo, y otros desde Ho Chi Minh City. La gran mayoría no se conocían entre ellos, y se habían organizado para hacer esa excursión a través de un grupo de Facebook. Por suerte para mí, algunos de ellos hablaban inglés bien, y otros muchos lo chapurreaban.

No tuve problemas en integrarme, iba hablando con unos y otros, incluso de otros grupos. Muchos de ellos, especialmente las chicas, iban al límite de sus fuerzas, se notaba que no estaban acostumbrados a hacer ejercicio de manera habitual. La excepción fue Trieu, un vietnamita de Hanoi de veinticuatro años que acababa de terminar de estudiar arquitectura y que había ido allí acompañado de su novia Anny (nombre inglés). Fue la persona con la que más hablé durante toda la ruta y con la que hice mejor amistad. Al final acabé en la cabeza del pelotón antes de llegar al campamento uno, donde paramos a comer. El menú estaba compuesto por arroz, huevos crudos, pepinos, pollo y plátanos.

Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Porteadoras. Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Con apenas diez minutos de descanso, comenzamos de nuevo la subida, hasta que vimos la cresta por donde debíamos ascender hasta llegar al campamento base, donde pasaríamos la noche. Las vistas desde y a ambos lados de las mismas eran espectaculares. Algunas de las vietnamitas cometían errores de novato en la montaña, como llevar puesto el chubasquero o chaqueta con un calor de escándalo para evitar quemarse la piel con el sol, a pesar de que eso les hacía sudar a chorros, con la correspondiente pérdida de sales y minerales. Fui dando algún consejo al respecto, aunque algunos eran más pura lógica. Algunas me hicieron caso y otras no. No sé porqué, pero en cierta medida empecé a sentirme responsable de aquellos chavales, quizás porque eran todos más jóvenes que yo, algunos más de diez años. No iba haciendo ninguna carrera, por supuesto, pero terminé llegando quince minutos antes que los primeros de mi grupo, unos treinta antes que Trieu y su novia, que llegó bastante agotada, y cuarenta y cinco antes que los más rezagados. Mientras los esperaba, estuve hablando con un chaval de otro grupo que me invitó a una botella pequeña de agua.

Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

El campamento base se situaba a 2.700 metros de altura, y estaba formado por dos casetas y varias tiendas de campaña grandes que estaban montando en esos momentos. Las primeras eran para nosotros, los "clientes", y las segundas para los porteadores. Allí arriba hacía frío, no solo por la altitud, sino porque el tiempo estaba empeorando. De hecho, una densa niebla cubría la cima que debíamos alcanzar a la mañana siguiente. Nuestra caseta era básicamente un tablero de madera por cada lado, sin separaciones, y al ser muchos, de varios grupos, dormimos realmente apretados, en sacos de dormir que nos proporcionaron allí.

Nuestro guía cocinó la cena, junto con otros porteadores, y estuvo realmente buena, especialmente el tofu con salsa de tomate y los brotes de bambú (que recogieron en la misma montaña durante la ruta) con carne de ternera. Se repartió temprano, en la misma caseta, y al anochecer tan pronto y no haber nada más que hacer allí, la mayoría se acostó pronto, sobre las ocho de la tarde. Algunos de los muchachos de los otros grupos montaron una pequeña fiesta fuera, con algo de alcohol y música alta (me pareció increíble, pero transportaron un altavoz de considerable tamaño, o se lo dieron a uno de los porteadores). Me invitó uno de ellos, pero decliné el ofrecimiento por el mal tiempo, y porque estaba cansando, pues mis piernas llevaban encima también todos los kilómetros recorridos el día anterior. Varias de las chicas "jugaban" con cartas, y me preguntaron si quería coger una de ellas, que eran cartas mágicas, y la que eligiese, se suponía que definía un aspecto importante de mi personalidad. La que escogí resultó ser la carta de la humildad.

Como era de esperar, varios de los compañeros del precario dormitorio roncaron como animales, incluyendo un par de mujeres de Malasia que ya llevaban un día allí y cuya constitución física era como la de tres vietnamitas juntos. Por cierto, informaros que el típico ruido que hacemos con la boca en España para que la persona que duerme a nuestro lado deje de roncar, allí no funciona, nada. Debe ser que no lo tienen asimilado en el subconsciente. Como ya supuse de antemano la primera vez que vi dónde dormiríamos, no pegué ojo, nada, y no fui el único. Oía llover, y un viento fuerte, por lo que imaginaba que la mañana sería complicada. Era en la otra caseta, a unos treinta metros de distancia, donde estaban los baños, que olían a rayos, realmente repugnantes. Y como hacía frío y la puerta de la nuestra no se cerró, tuve que ir allí un par de veces en mitad de la noche, suficiente tiempo para que las dos personas que tenía al lado ocuparon el minúsculo espacio asignado para mi saco de dormir. Tuve que ir haciendo espacio poco a poco, en mitad de la oscuridad, utilizando la luz de mi frontal, que atenuaba poniendo una mano delante para no despertar a nadie.

Campamento a 2.700 metros de altura. Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Nuestro guía cocinando la cena. Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Nuestra caseta. Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Cena con la mayor parte de mi grupo. Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

A las tres y media de la siguiente mañana despertaron al primer grupo para desayunar, aunque al final acabamos despertándonos todos. El resto de grupos fuimos desayunando paulatinamente, el nuestro, el último, cerca ya de las cinco de la mañana. El menú, una sopa de noodles y algo más que no recuerdo. Comenzamos la ruta con mucha niebla, sin ver más allá de cinco metros. Nuestro guía era el hijo del hombre día anterior, un chaval de solo diecisiete años que calzaba unas playeras, pero que no le impidieron moverse como pez en el agua. Evidentemente, no era la primera vez que subía. Al igual que su padre, tampoco hablaba nada de inglés. Llevaba una botella de champagne o algo similar para celebrar la llegada a la cumbre. 

Ya en las primeras rampas, nada más comenzar, empezó a rezagarse la mayor parte del grupo, especialmente las chicas, otra vez, con la excepción de Phuong. Parábamos de vez en cuando para esperarles. Trieu, que inicialmente iba en cabeza conmigo, decidió ir junto a Anny más despacio, que iba muy cansada, y con mucho frío, pues no había preparado ropa adecuada para aquello. Fuimos adelantando a varias personas de otros grupos que salieron antes. El último tramo, de unos dos kilómetros, estaba extremadamente embarrado, y tenía una pendiente considerable, por lo que fue muy complicado de subir. Teníamos que apoyar las manos de vez en cuando. Pensé en la bajada por allí, después de que mucha más gente pisara el terreno y lo complicase aún más. Por entonces, sólo quedábamos el guía, Phuong y yo. En general, la subida es dura, y teniendo en cuenta el cansancio acumulado del primer día, es claro que se necesita buena forma física, especialmente si se quiere disfrutar realmente de la excursión.  

Fui el primero del grupo en alcanzar al cima del pico Fansipan, repleta de las personas de otros grupos que comenzaron la ascensión más temprano. Gritaban algo mientras se hacían las fotos, y al preguntar lo que significaba, me dijeron que era algo así como "somos jóvenes y podemos". Enseguida me saludaron algunos y me pidieron fotos con ellos. También me hice alguna solo, y con Phuong, y el guía después. No se veía absolutamente nada, la niebla era muy espesa allí. Y hacía frío, por lo que me puse el chaleco y el chubasquero que llevaba. La pareja llegó unos veinte minutos más tarde, y el resto del grupo, algo después. Anny estaba realmente mal entre el frío y el cansancio, diría que con los primeros síntomas de hipotermia. Me quité el chaleco y se lo dí, y le dije que se pusiera el chubasquero para evitar que el viento la enfriara aún más. Le di varias galletas de chocolate que llevaba porque el azúcar le vendría bien. No pudo ni hacerse las fotos con el grupo, sólo una rápida con su novio que les hice yo antes de bajarse de la roca. Claro que sentí algo de frío desde entonces, pero comenzamos la bajada un rato después, por lo que me acabó sobrando nuevamente hasta el chubasquero.

Objetivo conseguido. Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Había también un gran grupo de militares y policías que habían hecho la subida y estaban pletóricos. Después de ellos, nuestro grupo se hizo la foto en el pico con la bandera de Vietnam y la botella de champagne que inicialmente sujetaba yo, pero que una chica nos lo acabó arrojando encima al resto en lugar de beber un trago cada uno. 

El grupo, objetivo conseguido. Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

Empezamos la bajada, y el tramo embarrado que comenté anteriormente había empeorado considerablemente con el paso de las personas, como ya suponía. Fue imposible no acabar sumergiendo la bota en la masa de barro y agua. Se hizo largo terminar aquello, pero el resto ya fue más asequible, también porque el sol calentaba algo el ambiente. Nuevamente, el guía, Phuong y yo llegamos los primeros al campamento base, y en seguida la mayor parte del grupo, que bajó más compacto. Esperamos al resto para comer, aunque volvimos a tener el último turno, lógicamente. El resto de grupos comenzó la bajada según terminaba de comer. Nosotros hicimos lo mismo.  

Rápidamente Trieu y yo tomamos la delantera del grupo, esperándolos de vez en cuando. La bajada se hizo eterna, pues tuvimos que recorrer la misma distancia del día anterior, más la ida y vuelta a la cumbre, por lo que las piernas ya no respondían igual. También porque no todo era bajada, sino que había tramos de subida, y esos nos destrozaban. Estuve charlando parte del camino con Ha sobre los libros de El Señor de Los Anillos (no son muchas las chicas a las que les suele gustar esta saga) y explicándome luego cómo había ido cambiado la sociedad vietnamita respecto a las creencias religiosas. Al llegar al río, paramos allí un buen rato, y varios de nosotros nos descalzamos y metimos los pies dentro del agua fría. Trieu y yo acabamos haciendo el último tramo solos, llegando los primeros del grupo unos veinte minutos después. Me dio tiempo a realizar estiramientos y beber algo mientras tanto. Lo gracioso fue que nos tenían preparados un diploma y una medalla a cada uno por haber completado la subida al pico más alto de Indochina. Parecerá algo tonto, pero me hizo ilusión.

El grupo, objetivo conseguido, llegada. Trekking al pico Fansipan. Alrededores de Sapa. Mayo 2015

La furgoneta de la agencia nos llevó hasta el centro de la ciudad, parando en primer lugar en mi hostal. Durante el trayecto había decidido quedarme esa noche en Sapa y coger el autobús hacia Hanoi por la mañana, porque necesitaba descansar, y no tenía prisa alguna. Y aunque Trieu me avisó posteriormente para cenar con el grupo, preferí quedarme en el hostal, porque estaba realmente agotado. 

Al día siguiente hice el check-out en el hostal y fui andando hasta la estación de autobuses, a unos dos kilómetros de distancia, porque estando tan cerca, pensé que podría pagar menos. Y ocurrió que caminando hacia allí ,mientras veía el pueblo, me entraron unas ganas terribles de quedarme un día más. Me gustaba Sapa, me sentía bien allí, y sabía que me quedaba mucho que ver en los alrededores, aunque fuera similar a lo que ya había visto en días anteriores. Miré el reloj para ver qué día era, 1 de Junio. Sabía que tenía la opción de quedarme algún día más, pero eso impediría visitar una cascada y cueva en el norte del país después de ir a la bahía de Halong, por lo que decidí continuar el viaje. Fue raro sentir una certeza de que algún día volvería a ese lugar. 

Regateé el precio del billete con el conductor y la asistenta de la compañía que estaba también allí, y que me invitó a probar una fruta típica de Vietnam. Finalmente lo compré por 200.000 dongs, el mismo coste que a la ida. El pero fue que el asiento, tipo autobús nocturno, fue el más pequeño de todos en los que había estado durante mis viajes, y los pasillos estaban llenos de gente tumbada, así que resultó un tanto incómodo el trayecto. Incluso un señor mayor que no hablaba inglés me llamó la atención por sacar una pierna fuera y dejarla colgando en lugar de meterla en el cajón en el que no me cabía, pero pareció no darse cuenta de ese pequeño detalle. 

En resumen, Sapa es un lugar maravilloso rodeado de montañas y terrazas de arroz. El frescor de su clima reconforta respecto al calor del resto del país. Recomiendo enormemente la excursión al pico Fansipan, en el que tuve la suerte de coincidir con un grupo estupendo de jóvenes vietnamitas que me hicieron sentir uno más desde el principio. Es una visita que no puede faltar en tu viaje por Vietnam.


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