Kanazawa y las casas tradicionales de Shirakawa-go

Kanazawa, en el centro de la Prefectura de Ishikawa, frente al Mar de Japón, es una localidad al pie de un castillo que floreció durante los siglos XVII al XIX. El jardín Kenroku-en, uno de los tres grandes jardines del país, ofrece una visión de la prosperidad de la ciudad en aquella época. Kanazawa aún conserva varias calles de estilo antiguo.

Las cercanas aldeas rurales Shirakawa-go y Gokayama conservan casas tradicionales con tejados de paja al estilo gassho-zukuri.

Casas tradicionales. Shirakawa-go. Julio 2015


El viaje en autobús desde Kioto fue un desastre, y resultó imposible dormir. No era un autobús nocturno al uso, como en Vietnam, simplemente disponía de asientos reclinables. El trayecto era de unas seis horas, pero en las diferentes paradas que hizo, especialmente las primeras, se eternizaba. En una de ellas estuvo más de media hora con el motor encendido, y no sólo el suyo, también el de los autobuses que estaban aparcados al lado, y la puerta abierta, con lo que entraba todo el calor del exterior. Por si fuera poco, la luz del día comenzó a entrar sobre las cuatro y cuarto de la mañana, así que más difícil aún.


Kanazawa


Llegamos en hora a la estación de autobuses y trenes de Kanazawa, antes de las seis de la mañana, me orienté y busqué el hostal que había reservado, no muy lejos de allí. La estación tenía una arquitectura moderna y bonita de ver. De camino encontré un 7eleven, y compré un brick de café con leche para desayunar, porque los cereales ya los tenía. Pero no me dieron cuchara de plástico esta vez, a pesar de pedirla. Me contestaron que tenía que comprarla, algo que, en todo Japón, sólo me sucedió allí.

El hostal se llamaba Good Neighbors Hostel, y cuando llegué estaba lógicamente cerrado. Hice tiempo en frente del mismo, estirando las piernas, y al final volví a la estación para intentar conseguir esa cuchara o desayunar directamente en algún sitio. Lo conseguí en un starbucks. Luego volví, sobre las siete y veinte, y la recepción ya estaba abierta. No pude acceder a mi cama dado que el check-in comenzaba a las tres de la tarde, un defecto habitual en Japón. En cualquier otro país que he visitado antes, esta hora suele coincidir con el medio día. Al menos sí pude dejar la mochila grande y hacerme con un mapa de la ciudad.

También estuve charlando un rato con el recepcionista, un chaval joven de 31 años que resultó ser el dueño. Me dijo que había viajado por el mundo en dos etapas, un año cuando cumplió los dieciocho, y otros dos después de acabar la universidad. Al volver a trabajar en una empresa, se dio cuenta de que ya no quería ese tipo de vida, por lo que estuvo preparando ese hostal y poniendo en regla toda la documentación durante año y medio, hasta que finalmente estuvo listo. Lo que no me gustó nada fue el detalle de pedirme dinero cuando le pregunté si podía utilizar el baño, únicamente porque lo usaría antes de la hora de entrada. No obstante, lo recomiendo, porque está bien situado y la cama resultó muy cómoda, en un dormitorio de ocho camas con muebles visiblemente nuevos. El precio por noche fue de 2.100 yenes.

Kanazawa parecía muy tranquila a esas horas de la mañana de un domingo. Caminé para visitar las dos principales atracciones turísticas de la misma, el jardín Kenroku-en y el castillo. Se dice que el primero es uno de los más bonitos de todo Japón, y uno de los tres más famosos. Su construcción se realizó hace más de 300 años, y la entrada cuesta 310 yenes. En realidad, para nosotros, sería un pequeño parque, solo que con un cuidado exquisito de cualquier árbol o arbusto, y el uso del agua como elemento principal. De hecho, los principales rasgos que definen un jardín japonés son la solemnidad, la grandeza, la antigüedad, el encanto, los arreglos perfectos y un cuidado uso del agua. Alcanzan su belleza máxima en primavera u otoño, cuando el parque se tiñe de colores, así que supongo que ésta es la razón por la que no encontré nada extraordinario en él.

Una de las salidas del jardín conecta con el castillo a través de un puente, para llegar a la puerta Ishikawa-mon, que aún conserva su estructura original. El castillo se construyó hace más de 400 años, pero ardió en repetidas ocasiones. La entrada es gratuita, excepto para uno de los edificios, pero desconozco la cantidad porque lo descarté. En la entrada había guías voluntarios con los que poder recorrerlo mientras te cuentan la historia del mismo. 

Castillo. Kanazawa. Julio 2015

Jardín del castillo. Kanazawa. Julio 2015

Cuando bajé del castillo, me quedé viendo una serie de actuaciones de gente joven fuera de un edificio cercano. Y luego caminé hasta Higashi, el distrito antiguo, con casas tradicionales. En el interior de muchas se encuentran negocios, pero al contrario que en Hoi An, Vietnam, no han tenido el mal gusto de estropearlo. Desde fuera se ven igual, y si quieres comprar o simplemente echarle un vistazo a los diversos artículos, pasas.

Casas tradicionales en el barrio de Higashi. Kanazawa. Julio 2015

Estuve toda la tarde descansando, hasta que, para cenar, decidí ir a visitar la zona de Korinbo y Kata-machi, donde los japoneses se acercan para realizar compras, cenar y tomar algo. Debí ir tarde para sus horarios porque encontré poca gente, y muchas personas tomando los autobuses de vuelta a casa. Así que yo también regresé al hostal, algo decepcionado para ser honesto. La ciudad no me había conquistado. Esperaba algo más pequeño y acogedor, y encontré otra gran ciudad. Incluso la playa estaba algo alejada, y el recepcionista no me la recomendó. 

A la mañana siguiente, decidí que no me quedaría más tiempo allí, por lo que después de desayunar, preparé la mochila y fui a la estación, donde cogí un autobús hacia Shirakawa-go, una aldea con casas antiguas y situada a medio camino en dirección a Takayama, que es donde había reservado la siguiente noche. 

El autobús partía a las 8:40 de la mañana, con un coste de 1.850 yenes sólo hasta la aldea, bastante caro para un trayecto de únicamente hora y media. El supervisor me echó una mano antes de subir, porque al preguntarle si ése era el lugar correcto, me contestó afirmativamente, pero que debía comprar el billete antes. No lo tenía porque pensé que podría pagarlo directamente en el autobús al bajar, como en otras ocasiones. Me dijo que tenía diez minutos para comprarlo en el centro de venta, que estaba al lado, pero no sabía si estaría lleno de gente o no. Así que corrí hasta allí y, por suerte, no había nadie, así que me sobraron varios minutos.

Los paisajes durante el trayecto en autobús desde Kanazawa son espectaculares, especialmente cuando nos adentramos en el comienzo de los llamados Alpes Japoneses. Atravesamos varios túneles, alguno de más de diez kilómetros, lo que me recordó mi travesía por Noruega el verano anterior, donde conduje por un túnel de ¡25 kilómetros!. Es el túnel de carretera (sin contar los ferroviarios) más largo del mundo, y la velocidad máxima es de 70 kilómetros por hora, por lo que se hizo eterno. 

Shirakawa-go y sus casas tradicionales


Las aldeas rurales de Shirakawa-go y Gokayama son Patrimonio de la Humanidad y zona nacional de preservación de las construcciones tradicionales. Poseen viviendas con singulares tejados de paja al estilo gassho-zukuri, que se desarrollan en zonas de copiosas nevadas, y son un tipo de construcción que sólo puede verse en esta región. Puedes pasar la noche en alguna de ellas siempre que estés dispuesto a vaciar tu billetera.

Decidí no parar primero en Gokoyama, situada antes de Shirakawa-go, por la mala combinación de autobuses para ir hasta la siguiente, y porque la segunda era realmente la villa más grande.

Al llegar a Shirakawa-go, compré directamente el billete del segundo autobús hasta Takayama, por 2.470 yenes y salida a las 17:30, y dejé la mochila grande en consigna por otros 400 yenes más. Creo sinceramente que los precios de estos trayectos están inflados sin miramiento alguno al tratarse de una zona con gran afluencia turística, y sin otra opción de poder visitarla a no ser que sea en tu propio transporte privado. 

Allí estuve horas paseando entre las casas de la aldea, pertenecientes a diferentes familias. Me alejé un poco de la zona más turística, hacia la parte del río, y encontré a una chica joven con la que estuve charlando unos minutos sobre las casas. Me comentó que ese tipo de tejados supone un gran peso sobre la construcción, y que la casa de su suegra tenía 300 años.

Luego subía al mirador de Shirakawa-go, donde las vistas de la villa y las montañas que la rodean son magníficas. Desde allí, hice un pequeño trekking por detrás de una de ellas, en un recorrido circular que llevaba a la entrada opuesta de la aldea. Pensé que podría realizar uno más largo, pero no me pareció ver muchas indicaciones sobre las opciones que existían al respecto. Al final opté por cambiar el horario del autobús hacia Takayama y coger uno más temprano, con salida antes de las tres de la tarde. Dos o tres horas son más que suficiente para recorrer tranquilamente la pequeña aldea, por lo que me había sobrado mucho tiempo. Lo curioso fue coincidir en el autobús con tres parejas de españoles que tampoco se conocían entre ellos.

Puente desde la terminal de autobuses hacia la aldea. Shirakawa-go. Julio 2015

Shirakawa-go. Julio 2015

Casas tradicionales. Shirakawa-go. Julio 2015

Vistas de la villa desde el mirador. Shirakawa-go. Julio 2015

En resumen, Kanazawa es una ciudad costera, aunque su ambiente no invite a pensarlo. Después de ver otros castillos de Japón, el de Kanazawa no es de los mejores. Tampoco encontré nada especial en el famoso jardín Kenroku-en. Quizás alcance su máxima belleza en primavera u otoño. Si no vas en esa época, ni dispones del JR Pass para ir y volver en el día desde otro lugar, no recomiendo ir allí si dispones de poco tiempo en tu viaje por Japón. Si tienes ese billete para utilizar los trenes rápidos, en un solo día puedes combinar su visita con la de Shirakawa-go, que sí considero muy recomendable, y dormir en Takayama. Desde Takayama también puedes ir y volver en una mañana a la aldea.


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