Osaka, la capital occidental de Japón

Osaka es la ciudad más grande del oeste de Japón, y uno de los puertos y centros industriales más importantes del país. Forma parte de la región de Kansai, y algunos de sus principales atractivos son el castillo de Osaka y el edificio Umeda Sky.

Vistas desde el edificio Umeda Sky. Osaka. Julio 2015


No tuve problemas para desplazarme desde la casa de Mayumi en Sakai hasta el hostal que había reservado en Osaka. Primero cogí la línea de tren Nankai hasta la estación Namba, en el centro de Osaka, y luego la línea roja del metro hasta la estación de Minamikata, muy cerca ya del hostal. El coste total del trayecto fue de 570 yenes. No obstante, para obtener los billetes en las máquinas de las estaciones, pregunté cómo hacerlo a alguna persona, y a pesar de no saber apenas inglés, o incluso nada, mostraron toda su determinación por ayudarme y entender lo que buscaba. Son gente muy maja.

El transporte dentro de las ciudades de Japón va por zonas, y según la zona, un precio, que es lo que realmente seleccionas en la máquina. De esta manera, puedes desplazarte a todas las estaciones que estén en la zona que cubra el precio que has pagado.

El hostal donde me hospedé la primera noche se llamaba Osaka Tomato Guest House, por 1.500 yenes la cama y noche en habitación compartida. Lo malo es que no podía hacer el check-in hasta las cuatro de la tarde, un defecto común en el resto de Japón, pero aún así me dejaron elegir cama y dejar allí la mochila grande durante la mañana.

Este alojamiento se encontraba en el norte de la ciudad, al otro lado del río Yogo, así que caminé durante una media hora hasta llegar al edificio Umeda Sky, en el que subí hasta la planta 39 primero y 41 después. Se suponía que habría un "jardín flotante", pero no resultó ser más que una metáfora sobre el observatorio y la vista panorámica de 360º de la ciudad a 173 metros de altura. Al igual que el resto de personas, escribí mi deseo en el papel que nos daban junto con la entrada, y lo até en el lugar preparado para hacerlo.

Distrito de Umeda desde el otro lado del río Yogo. Osaka. Julio 2015.

 Edificio Umeda Sky. Osaka. Julio 2015.

 Edificio Umeda Sky. Osaka. Julio 2015.

  Deseos en el edificio Umeda Sky. Osaka. Julio 2015.

  Vistas desde el edificio Umeda Sky. Osaka. Julio 2015.

Después de comer, estuve paseando por toda la zona de Umeda, el distrito comercial y de ocio más grande de la parte occidental del país. Visité los abarrotados grandes almacenes, pues era domingo, el distrito de Kitashinchi, el más lujoso de la ciudad, el santuario Ohatsu Tenjin, dedicado a los enamorados, donde fue curioso de ver toda la parafernalia que realizaban los fieles, y la arcada Tenjinbashisuji, llena de tiendas, que es la más larga de todo Japón con 2,6 kilómetros de longitud. Ésta no es más que una calle comercial con techo translúcido en forma de arco, bastante habitual en todas las ciudades de Japón. Allí me acerqué al parque Ogimanchi para respirar aire algo más puro, antes de comenzar el camino de regreso.

Una de las entradas a la arcada TenjinbashisujiOsaka. Julio 2015.

Comentar que para ir al santuario me desorienté ligeramente, dado que el mapa que llevaba no era nada detallado, y al preguntar a dos chicas jóvenes que apenas hablaban inglés, me acompañaron varios minutos hasta un lugar cercano y de fácil acceso hacia mi destino. Otro detalle de lo simpáticos que son los japoneses.

Ya cerca del hostal, y pensando en la cocina de uso común del mismo, entré en un supermercado y compré todo lo necesario para hacer pasta y desayunar al día siguiente. Al llegar, estuve hablando un rato con una brasileña que buscaba trabajo en Osaka en alguna de las industrias que elaboraban la comida que luego se vendía en los supermercados, para ahorrar dinero durante unos meses y volver después a Australia.

También con uno de los trabajadores jóvenes del hostal. Ambos eran más o menos de mi edad. Finalmente llegó una joven japonesa procedente de la isla de Hokkaido para alojarse allí. Y como estábamos todos charlando, les propuse cocinar todo el paquete de pasta que había comprado, y aceptaron. La brasileña puso una botella de vino de su parte, bastante malo por cierto, y el recepcionista una bolsa extra de salsa de la suya, porque sólo con la mía no llegó. Luego se ofreció a lavar toda la vajilla. En los hostales siempre encuentras personas agradables.   

Como me sentí cómodo allí y el precio estaba muy bien, pensé en quedarme otro día. Lo único malo era la ubicación, pero me dijeron que tenían servicio gratis de bicicleta, así que pensé utilizarla al día siguiente. Sin embargo, para la siguiente noche el precio de la cama subía hasta los 2.500 yenes por tener una alta ocupación. Finalmente opté por reservar otro hostal en la zona de Tennoji, que me venía mejor para recorrer otras zonas de la ciudad, y quedar por allí con mis amigos Juan y Mª Carmen, que venían a Japón por once días con un viaje organizado. Ya me habían avisado con antelación de que querían ver varias cosas por allí cerca en el día libre que les daba la agencia en Osaka, así que todo cuadraba. Además, la reserva la realicé en un hotel cápsula, por ser algo que tenía ganas de probar, por 1.800 yenes la noche. 

Al día siguiente volví a coger la línea roja del metro, que me llevaba directo al nuevo hostal, por 280 yenes. Sorprendía el silencio que reinaba en los vagones, y la puntualidad en la llegada de los trenes, como relojes suizos. Al llegar a Tennoji comprobé lo que leí acerca de que había algunos vagabundos en la zona, los únicos que he visto hasta ahora en Japón, junto con los que vi en Tokio días después. Parecía más bien un suburbio de la ciudad, pero era, sin embargo, famosa entre los mochileros por lo económico de sus hoteles. 

El hotel se llamaba Shin-Imamiya Hotel, al lado de la estación del mismo nombre, y al igual que en el hostal del día anterior, no podía entrar hasta la tarde, así que me fui a ver el castillo-museo de Osaka, sede del Gobierno que unificó Japón en el año 1590. El billete de tren hasta allí, en la línea circular JR Osaka me costó 160 yenes, aunque también llegan varias líneas de metros en los alrededores.

Allí paseé por el parque que lo rodea, y luego por la fortaleza en sí. La torre actual, de 55 metros de alto, es el resultado de una restauración realizada en 1931, y su entrada cuesta 600 yenes. Dentro se encuentra el museo, donde se cuenta la historia del castillo, con varias maquetas, y buenas vistas desde su planta más alta. Pero también hay varias tiendas de recuerdos, y ningún resto de un posible ambiente antiguo, así que fue algo descafeinado. Desde mi punto de vista, no mereció mucho la pena pasar dentro, más después de haber visto los castillo de Matsumoto y Himeji, por ejemplo, porque las vistas las tienes desde varios edificios de la ciudad.

 Torre del castillo. Osaka. Julio 2015.

 Vistas desde la torre del castillo. Osaka. Julio 2015.

  Torre del castillo. Osaka. Julio 2015.

Símbolo del castillo. Osaka. Julio 2015.

Luego estuve caminando un buen rato hasta llegar otros barrios. Primero Shinsaibashi, el mayor distrito de negocios de la ciudad, que también cuenta con calles muy comerciales. Y después Namba, al lado de la estación del mismo nombre, donde se encuentra Dotonbori, una calle muy turística llena de vida y paralela a un canal construido en el siglo XVII. Dos largas arcadas comerciales llegan a ella. En una de ellas había un local de juegos donde vi a un tipo jugando a uno de baile, con movimientos rápidos y femeninos, imitando a la perfección a la bailarina. Allí coincidí con varias personas más, todos riéndonos y sacando vídeos. Espero que se vea bien. 

 Canal. Osaka. Julio 2015.

 Calle Dotonbori. Osaka. Julio 2015.

 Chico con el juego de baile. Osaka. Julio 2015.

También entré en una cafetería, descubriendo que allí sí dejan fumar dentro de algunos locales. Y todos los restaurantes tienen en la calle imitaciones de los platos que ofrecen junto con su precio.

Luego fui al mercado de pescado Kuromon, y desde allí a las calles donde se encuentran los comercios dedicados al anime, manga, juegos y electrónica, aunque no había mucho movimiento. Todo ese día estuvo lloviendo levemente, pero seguí caminando, porque me encanta caminar bajo la lluvia, siempre que no sea fuerte y me acabe empapando, claro. Y a veces incluso también así, pero sin llevar cosas en la mochila que se pueden estropear con el agua. Mientras caminaba se me vino a la cabeza la canción "One Love", de Bob Marley, y la estuve silbando el resto del día. Y es que cuando se mete una canción en la cabeza...

Finalmente llegué hasta la zona de Tennoji, y su torre Tsutenkaku, uno de los símbolos de la ciudad, a la que no subí por su coste y porque el día anterior ya lo había hecho al edificio Umeda Sky. Alrededor de ella se encuentra Shinsekai, una zona antigua llena de restaurantes famosos, donde las brochetas de carnet muy frita es su especialidad, una comida barata pero deliciosa, según dicen, porque no llegué a probarla. Eché un vistazo en varios de ellos, pero sólo veía locales en grupos, y no tenía ganas ni de ser el centro de atención ni de cenar solo.  

 Torre Tsutenkaku. Osaka. Julio 2015.

 Shinsekai y la torre Tsutenkaku. Osaka. Julio 2015.

Regresé a mi hostal, donde volví a cenar un par de bandejas de comida que compré en el supermercado. La cápsula, al contrario de lo que podía imaginar en un principio, contaba con espacio de sobra para mí, tanto en anchura como en longitud. De hecho, la habitación en sí misma no sólo era la cápsula, sino también un pequeño espacio con escritorio y taburete. Creo que los auténticos hoteles cápsula, tipo panel de abeja, están en Tokio, y no estoy seguro de querer probarlos, dependerá si tienen espacio para la mochila grande, ya sea dentro de la misma o fuera.

 Cápsula. Osaka. Julio 2015.

 Cápsula. Osaka. Julio 2015.

Al día siguiente llovía mucho, y decidí no salir antes de quedar con mis amigos. Dejé la maleta en recepción hasta la tarde, que ya había decido irme a Nara y podía coger un tren nuevamente en la estación que estaba al lado. Juan me escribió justo cuando había ido a comprar algo de comer, y no esperaron mi respuesta, que iba a ser que no era buena idea quedar en la estación Tennoji, pues cuenta con cuatro estaciones y siete líneas diferentes que llegan hasta allí, tanto de metro como de tren.

Así que fui igualmente hacia allí, con la convicción de que sería muy difícil verlos. No les vi en las esquinas de la intersección de las dos avenidas a las que accedía, debajo del edificio Abeno Harukas, el más alto de Osaka, y decidí entrar dentro, sin conocer si venían en tren o en metro. Fui a la salida más cercana a la calle por la que se llegaba al templo que querían visitar, y tampoco los vi allí. Y cuando volví hacia atrás para repetir todos mis pasos aunque con la idea de que sería imposible verlos entre tanta gente, los encontré a lo lejos, corriendo hacia ellos por detrás y dándoles el pertinente susto. Pero también se lo di a la japonesa a la iban siguiendo y que les guiaba hacia la salida que había comprobado anteriormente. Nos saludamos, hicimos la foto del reencuentro, y nos dirigimos hacia el templo Shitennoji.

 Edificio Abeno Harukas. Osaka. Julio 2015.

 Reencuentro con Juan y Mª Carmen. Osaka. Julio 2015.

El templo Shitennoji fue construido hace más de 400 años. Después de verlo por fuera, yo no pensaba entrar, pues ya había visto varios similares y así me ahorraba los 300 yenes de la entrada, pero Mª Carmen llegó con las tres, así que les acompañé, dado que para ellos sí era el primer templo que veían en Japón. El pabellón principal albergaba varias imágenes, y se podía subir hasta la quinta planta de la pagoda, pero en la que sin embargo no había nada interesante, ni siquiera la opción de poder disfrutar de vistas pues no había ventanas.

Desde allí volvimos a la estación de Tennoji para ir en metro hasta Namba, por 240 yenes, donde les guié hasta Dotonbori para que vieran la calle y el canal. Comimos por allí las famosas takoyaki, bolitas rellenas con pulpo. Después de pasear un rato por una de las arcadas, se fueron a descansar al hotel, y yo paseando hasta el mío. Vernos al día siguiente en Nara iba a ser complicado, por lo que ya quedamos directamente en Kioto. Recogí la mochila grande en el hostal y cogí el tren hacia Nara, por 560 yenes.  

Al final me fui de Osaka sin ver ni el acuario ni el Universal Studios of Japan, porque no me llamaban mucho la atención. De cualquier modo, hubiera necesitado una mañana más para verlos, y no me apetecía pasar más tiempo en la ciudad. 

En resumen, Osaka, la principal ciudad del oeste de Japón, me pareció triste y aburrida, sin vida, excepto en las zonas comerciales. No estoy seguro de recomendarla o no sólo por su castillo y el observatorio del edificio Umeda Sky. Sin embargo, de Tokio, aún siendo la capital del país y una urbe mucho más grande, me llevé una impresión bien distinta días después.


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